EL TAXISTA JUBILADO QUE REGALA EMPRESAS

Actualizado: abr 17

Incansable, es la primera palabra que me viene a la mente para describir a Matías Martínez, un taxista jubilado de 81 años que revoluciona la vida de aquellos que pasan por su lado.


Lejos de disfrutar de la tranquilidad que a muchos les da la jubilación, este hombre ha decidido que aún tiene mucho que aportar.

¿Qué hace? La pregunta correcta sería ¿En qué jaleo no anda metido Matías? Entre otras muchas actividades en las que no me voy a detener, se ha propuesto participar en la creación de 10 empresas que ayuden a personas que lo están teniendo complicado en la vida. De momento, lleva tres.


Es un hombre peculiar Matías, una larga y descuidada barba blanca, un deje nervioso al moverse, impaciente, y con una mente rápida que pasa de un tema a otro con la velocidad del que tiene mucho que contar y poco tiempo para hacerlo.


Con su andar ligero, digno de un adolescente más que de un hombre de su edad, nos lleva de un negocio a otro para que conozcamos las historias de sus protagonistas.

La primera parada es “Los Solidarios de Matías”, un establecimiento de hostelería que regenta Ángel Mendoza, un refugiado Colombiano que igual te sirve un buen vino, como te cocina unos callos madrileños.


Nos contó cómo tuvo que huir con su mujer y su hijo no mayor de 10 años porque su vida se veía amenazada por las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).


Pidieron asilo político en España y cuando lo consiguieron comenzaron a trabajar en el mundo de la hostelería. Llegó la crisis del coronavirus y se vieron en la calle.

Gracias a otras organizaciones, contactaron con Matías, quien decidió ayudarles a montar el establecimiento en el que ahora trabajan.


Mi mente comenzó a cavilar e imaginé que al poner Matías el bar, si iba bien, acabaría por llevarse un porcentaje, algo bastante lógico por otro lado. Ángel me sacó de dudas y me dijo que no. Poner el bar en marcha fue un regalo de Matías para con ellos.


La misma historia me contaron en el siguiente bar “ Los Sintecho de Matías”. Según Alejandro Teniente, el dueño, Matías les había ayudado con todo el papeleo, con el alquiler del local, con las materias primas y con las facturas de los primeros meses, hasta que fueran capaces de valerse por sí mismos.

Alejandro y su madre Joaquina Alba, al igual que otras 40 mil personas en España, vivían en la calle cuando Matías los conoció. Al principio les llevaba comida y abrigo, posteriormente les ayudó a encontrar un lugar donde vivir un tiempo hasta que consiguieron su propio piso y les proporcionó el bar que sería su sustento.


Según Joaquina, la vida les había cambiado en su totalidad. Cuando uno está en la calle, suele ser invisible a los ojos del resto, o si no lo es, las miradas son de desconfianza.

Ahora, tiene la cabeza alta y se siente plenamente integrada y querida tanto por los parroquianos que frecuentan el bar como por sus vecinos.


Ya sé que es feo hablar de dinero, pero… ¿es que acaso Matías es rico? Él asegura que no más que la mayoría. Cuenta con aquello que ha ganado a lo largo de toda una vida de servicio y unos 1600 euros mensuales que es la suma de su jubilación y la de su mujer.

Nos hizo una cuenta rápida y aseguró que poner en marcha uno de los bares le costó unos 2500 euros. Según sus palabras, es dinero, pero asumible, por lo que muchos ciudadanos podrían ayudar también. ¿El truco? Vivir por debajo de sus posibilidades y ahorrar en gastos superfluos.


Nos montamos en el taxi de Matías para que nos lleve al tercer negocio. Al abrir el maletero para meter nuestros bártulos, nos sorprendió con kilos de comida amontonados por todo el espacio sin ningún orden. Leche, huevos, galletas… nos comentó que era comida que llevaba a sus vecinos, personas con movilidad reducida o con alto riesgo por su edad. Lo cierto es que la idea me pareció hasta cierto punto graciosa… ¡Pero si usted tiene más de 80! ¿Y quién le lleva la comida a usted? - ¡Ay ya! - respondió él con una sonrisa, - ¡pero es que aún no llevo cachava!


Federico Serrano estaba calentando el ambiente de su clínica de fisioterapia cuando llegamos. La ha llamado “Argos”, un bonito nombre sacado de la mitología griega que significa “brillante”.

Es de esas personas valientes que han decidido liarse la manta a la cabeza y montar su negocio en plena pandemia. Conoce a Matías porque son vecinos, y sabía de buena tinta que, por su profesión, este conocía a muchísima gente. Le preguntó si podría ayudarle a conseguir clientes y juntos idearon una estrategia para atraer al mundo del taxi.


Hoy, Federico combina el cuidado de deportistas, personas mayores y estudiantes, con los profesionales del taxi, que encuentran en sus manos el alivio a muchas horas de conducción.

Durante la grabación, conocimos a Destiny Eguagie, un migrante Nigeriano que nos seguía haciendo vídeos y fotos con su cámara profesional. Nos contó que es fotógrafo y que aún su situación es de dificultad. Matías le ayuda de forma económica y le llama cuando hay algún trabajo que realizar. Ambos tienen planes de montar un estudio de fotografía. Quién sabe si este será el negocio número cuatro de la lista.

Su misión es aún más ambiciosa de lo que parece, ya que la idea, es crear una cadena en la que aquellos a los que ha ayudado, en un futuro, ayuden a otros a levantar negocios y a mejorar sus vidas, y por lo tanto, esto sea el comienzo de un movimiento que cambie muchas realidades.


A veces, una se encuentra con historias como estas que es imprescindible compartir. Debemos tener los ojos abiertos para poder coincidir con esas personas que brillan con luz propia y son capaces de soñar a lo grande.