Lo de Lesbos... ¡NO ESTÁ BIEN!

Actualizado: sep 14


Moria, o lo que queda de ella, ha vuelto a ser noticia en los medios de comunicación. Resuenan términos como incendio, barricadas, gases lacrimógenos, grupos de ultraderecha, advertencias gubernamentales… y veo las imágenes de aquellos para los que todas estas palabras significan solo una cosa: Infierno.


Los medios hablan de ello estos días y muestran imágenes dramáticas de gente huyendo del fuego, durmiendo en la calle, personas que quieren salir de allí, y buscan capturar ese instante que llegue a nuestras retinas y nos duela.


Pero no nos engañemos. El campo más grande de Europa, ha sido un tema recurrente en algunos diarios desde que comenzó la llamada “Crisis de Refugiados”, allá por el 2015, que oye, refugiados siempre ha habido, pero la crisis para nosotros comenzó cuando llegaron a nuestras puertas y empezaron a llamar con fuerza.


Que esto iba a suceder estaba cantado y tan solo era cuestión de tiempo. Cada semana se sucedían enfrentamientos que en ocasiones se cobraban la vida de algún ser humano, la basura y desechos de todo tipo reinaban a sus anchas, los servicios sanitarios estaban colapsados, y a pesar del esfuerzo de diversas ONG, no había suficientes recursos para todos. Con semejante contexto, no es de extrañar que muchos habitantes oriundos de la isla estuvieran hartos de la situación, y la tensión se palpaba en el ambiente. ¿Qué se puede esperar en un lugar en el que hay hacinadas unas 13 mil personas? Une todo esto a las “supuestas” deportaciones en caliente, roturas de motores de pateras, y barcazas abandonadas con personas a la deriva. Aquello era un polvorín.


La aparición del coronavirus y la nefasta gestión que “se hizo” o “no se hizo” para intentar contenerlo, fue la chispa que ayudó a que todo saltara por los aires.


Pero vamos, que esto, y de forma más extensa, nos lo cuenta cualquier medio de comunicación estos días. Lo que yo quiero resaltar es NUESTRA responsabilidad. Sí, la tuya y la mía.

Nosotros tenemos medios para informarnos, para ser críticos, para saber y exigir en consecuencia.

No es culpa nuestra que existan conflictos en el mundo, no de forma directa al menos, ni de que la gente huya de sus países por culpa de violencia, dirigentes políticos, guerrillas o hambre, pero nosotros tenemos ojos para ver, oídos para escuchar y un corazón para sentir aquello que no está bien. Y es nuestra responsabilidad conocer e informarnos para que nuestra boca GRITE, y si somos pocos, que nos escuche el de al lado, hasta que seamos tantos que consigamos que se nos oiga, y quizá así se empiecen a cambiar realidades.


Así que yo grito: ¡ESO NO ESTÁ BIEN!


¿Te unes?


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