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  • Marieta

ASOCIACIÓN CON VALORES



Quedan dos horas para que salga mi tren de regreso a Madrid. No es la primera vez que grabo en Valencia, y tengo lugar favorito para esperar dentro de la estación, una mesa al lado de un gran ventanal desde donde ver la panorámica de la cafetería.

Hoy tenía el rodaje de un proyecto llamado: ASOCIACIÓN CON VALORES, una iniciativa que trata de generar trabajo para personas que están en riesgo de exclusión poniéndolas en contacto con el tejido empresarial. Su iniciativa más potente, la de formar a las personas en emprendimiento para que, mediante el asesoramiento de expertos, sean generadores de su propio empleo creando un negocio.

El proyecto es precioso, una iniciativa social llena de empresarios y expertos del mundo de los negocios, y personas dispuestas a luchar por sus sueños independientemente de las dificultades que se han encontrado en el camino. Había quien estaba en paro de larga duración, mayores de 45 años a los que el sistema ya no encuentra “válidos”, los que han sufrido violencia por parte de alguien querido, mujeres de familia con ganas de sacar a sus hijos adelante, o personas enfermas que eran capaces de ir a clase tras una operación porque ese día iban a dar ESE contenido que no podían perderse.

Tan solo pude compartir unas horas, lo justo para conocer a varios de los protagonistas y sus historias. Pero el rato que más aproveché fue el de la comida, quizá porque mi mente se relajó y dejó de pensar en preguntas, planos y horarios, y el equipo y yo pudimos compartir una charla con los creadores del proyecto y comernos las deliciosas croquetas de José, uno de los nuevos empresarios, que también compartía mesa con nosotros.

En mi trabajo conoces muchas personas y compartes muchos momentos con ellos, incluso, gracias a tus preguntas, descubres partes de su vida o de sus sentimientos, pero una vez terminada la jornada, cada uno a su casa y posiblemente nunca vuelvas a coincidir. Es un pensamiento triste, ¿verdad?, pero lo cierto es que algunas de esas personas, de alguna manera te enseñan algo.

Esto es lo que me ha sucedido con Melquiades y Andrea, unos “locos” que decidieron dejarlo todo para montar una Asociación que trata de generar justicia social. A ver, no es el primer caso de locura de este tipo del que hago un reportaje, pero lo que me gustó fue la energía y la pasión con la que hablaban mientras comíamos un menú del día en un bar cualquiera, y lo mucho que creían en el proyecto.

Están completamente enamorados de una idea que ha cambiado la vida de varias personas, y que tiene el potencial de hacerse grande, muy grande, y hablaban de ello con orgullo pero sin esa “vanidad” de la que muchos pecan cuando creen que su idea cambiará el mundo, colocándoles sin quererlo, en un estado de superioridad.

No, las palabras eran entusiastas pero sencillas, y el origen de todo parecía provenir de ese sentimiento de querer devolver al mundo aquello que te ha dado sin ni siquiera pedirlo. Por justicia social.

Ojalá encuentre tiempo para transcribir la entrevista.

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