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La mayoría de las personas que viven a lo largo del río Colca son descendientes de los Collagua y los Cabana, los dos grupos étnicos predominantes de la zona mucho antes de que aparecieran los Incas.

 

Entre el 1.100 y el 1.450 era una práctica habitual modificar los cráneos de los recién nacidos ayudándose de vendajes o tablillas de madera para diferenciarse de los vecinos. Es así, como las cabezas de los Collagua, que eran los que vivían en la parte alta del valle, tenían forma alargada y estrecha y los Cabana en cambio, la moldeaban achatada y amplia.

 

¿Pero por qué? Al parecer, ambos pueblos decían provenir de diferentes montañas, o Apus, a las que consideraban dioses protectores. Los Collagua creían que su pueblo había nacido en el volcán Collaguata, cuya forma era la que trataban de simular en las cabezas de los bebés. Por otro lado, los Cabana consideran su lugar de procedencia el nevado Huallca, más achatado en su cima.

 

Ahí no terminan las diferencias, ambos hablaban lenguas distintas y tenían formas de subsistencia diferentes. La lengua de los Collagua era el Aymara y al vivir en la parte superior del valle, su tarea principal era la ganadería y el pastoreo, sobre todo de Alpacas. En cambio, el pueblo Cabana que hablaba Quechua, vivía en lo bajo del valle y aprovechaba las tierras fértiles de la zona para la agricultura. Su forma de comercio por aquel entonces era el trueque de productos.

 

A partir de 1.450, se dice que llegaron los Incas y que estos dos pueblos fueron integrados en el Imperio e instauraron su propia organización tanto política como administrativa en el valle. Algunos cronistas hablan de campaña militar y otros de alianza matrimonial del inca Mayta Capac con Mama Tancaray-Tacchi, una hija del cacique del pueblo Collagua.

Hoy en día, no hay pueblito que no tenga su iglesia como consecuencia de la llegada a la zona de los conquistadores alrededor de 1535. No obstante, y aunque la fe cristiana está muy arraigada entre las personas que allí viven, es curioso ver cómo ellos mismos conservan y mezclan sus creencias con aquellas tradiciones antiguas, esos dioses montañosos y esa Pachamama o madre tierra a los que siguen dando muestras de respeto y devoción.

Si quieres saber la procedencia de los habitantes solo has de fijarte en los ricos bordados de las polleras de las mujeres y en el sombrero que portan, unos son redondeados y otros planos, recordando a aquella deformación craneal que quedó atrás en el tiempo.

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