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Jamil tiene 40 años. La guerra se llevó, entre otras cosas, a sus dos hermanos y a su niño de 4 años; la metralla alcanzó a su mujer, que perdió al bebé que esperaban. Jamil es tan solo uno de los miles de sirios que, desde que comenzara la guerra en 2011 y aun amando su tierra y sus raíces, se ven forzados a huir para salvar lo más preciado que tienen: sus vidas y su familia.

 

En Moria, uno de los campos de la isla griega de Lesbos, viven hacinados, en condiciones de extrema insalubridad, rodeados de violencia, tratados como ganado y olvidados por una Europa que encara a las ONG, que se devana los sesos en reforzar fronteras y que no asume responsabilidades ni aporta soluciones mínimamente humanas.

 

Jamil, en sus siete meses en campos de refugiados, ha montado una peluquería de caballeros, para ganar un dinero extra, para normalizar su estancia y, también, por salud mental, porque pensar en lo perdido los ancla al pasado, y pensar en el futuro, en la incertidumbre.

 

 

 

 

 

 

 

 

*Esta historia ha sido publicada con la autorización del protagonista

¿TE CUENTO UN CUENTO?

Un hombre llamado Jamil