Elegantes  y poderosos. Posiblemente el mayor de los atractivos del viaje sea descubrir al Cóndor, que reina en los cielos de los Andes.

 

Es importante en el folclore y la mitología andina considerándose ave sagrada en muchas de las culturas sudamericanas. Dios capaz de conectar el mundo espiritual con el de los vivos.

 

Es el ave de presa voladora más grande del mundo. Puede superar el metro y medio de alto, y llegar a los tres y medio de envergadura desplegando sus alas. Los adultos tienen cresta y el cuello adornado con un collar de plumas blancas.

 

El cóndor adora volar, no lo hacen solo por necesidad o búsqueda de comida, sino que disfrutan planeando y aprovechando las corrientes de aire. Pareciera que no mueven las alas, pero en sus extremos, las plumas primarias constantemente corrigen el vuelo. Les gusta descansar al sol y son algo presumidos, pues dedican varias horas a acicalarse las plumas y quitarse parásitos.

 

Cuentan que el cóndor hace amistad con el zorro para alimentarse. Es carroñero, no cazador, y cuando encuentra un animal muerto comienza a girar alrededor del cuerpo, avisando al zorro. Éste, acude a la llamada, abre las entrañas del animal, y come.  Cuando  queda satisfecho, es cuando el cóndor baja a los restos del festín. Rara es la vez que el cóndor se acerca a la presa si antes no ha estado el zorro.

 

Su existencia es importante, ya que, al tener un sistema inmunológico fuerte, limpian el medio de posibles epidemias provenientes de los virus y bacterias de los animales muertos.

 

Eligen pareja para toda una vida, que ronda los 50 - 55 años en libertad, y planean en sincronizada armonía durante el cortejo. Crean el nido en las cuevas que se encuentran en las paredes de los acantilados, empollan el huevo juntos y crían al polluelo turnándose en su cuidado y en la búsqueda de alimento.

 

Cuentan los lugareños, que cuando el cóndor se nota envejecer, o su pareja fallece, sube al risco más alto, repliega las alas y se lanza al vacío.

© 2020 Historias que hay que contar.