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Siempre me he sentido ORGULLOSA de mi tierra y de haber nacido en ella, hasta que un día alguien me preguntó: ¿orgullosa de qué?

Orgullo siente uno cuando, con esfuerzo, consigue o GANA algo. En mi caso fue algo natural: sexo, nueve meses y ¡voilà! Ahí estaba yo.

 

La palabra es SUERTE. En este caso y según mi punto de vista: BUENA SUERTE de haber llegado al mundo sin ningún tipo de esfuerzo en un lugar pacífico, en el que nunca me he sentido perseguida por mi orientación sexual, mi raza o mi religión. Nunca sentí pánico ante el sonido de aviones sobrevolando o de bombas cayendo a metros de distancia. Tampoco he sentido el frío de una pistola en la sien ni el desgarro de la muerte violenta de un ser querido. Nunca me forzaron, violaron, ni me vi obligada a vender mi cuerpo para satisfacer el estómago o en búsqueda de protección.

 

Otras personas no pueden decir lo mismo. Las palabras son dos: MALA SUERTE. Algunos deciden abandonar la tierra que los vio crecer y, de estos, son pocos los que consiguen llegar hasta donde nosotros vivimos después de recorrer kilómetros, tratar con mafias, perder amigos por el camino o cruzar una enorme fosa común llamada mar.

 

¿Tienen ellos más DERECHO que yo de vivir en la que denomino “mi tierra”? Posiblemente no, pero, desde luego, ellos sí que se lo han GANADO.

 

Desde 1979, CEAR, La Comisión Española de Ayuda al Refugiado da la mano a aquellos que llegan huyendo en busca de un lugar seguro en el que SEGUIR SIENDO.

 

A esto se le llama: JUSTICIA SOCIAL

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Raquel Santos. Coordinadora Estatal del Área de Inclusión en CEAR

COMISIÓN ESPAÑOLA DE AYUDA AL REFUGIADO

REFUGIADOS

Un refugiado es aquella persona que se ve forzada a salir de su país huyendo de una situación de persecución por diversos motivos: religión, raza, nacionalidad, género, orientación sexual, opiniones políticas o pertenencia a determinados grupos sociales.

 

Una persona refugiada normalmente no ha podido elaborar un plan migratorio y huye sin saber en qué lugar va a terminar.

En muchas ocasiones solo se les presentan dos opciones: salir huyendo, o una tumba en su país.

 

UN REFUGIADO LLEGA A ESPAÑA

 

Cuando una persona refugiada llega a nuestro país, en primer lugar, se procede a formalizar su solicitud de protección internacional. Es así como pasa a ser integrante del sistema de acogida para personas solicitantes de asilo que tiene contemplado el Estado español. A partir de ahí, podríamos hablar de varias fases.

 

PRIMERA FASE

 

Suele durar entre seis y nueve meses. Hay una primera acogida en diferentes centros donde se les ofrece la cobertura de sus necesidades más inmediatas como puede ser un lugar donde vivir, la alimentación o el vestuario.

 

Esta primera etapa es crucial. Suelen ser personas que han vivido situaciones muy dramáticas. En muchas ocasiones tienen bloqueo emocional, por lo que el apoyo psicológico es importante para que puedan, de alguna manera, rehacer sus vidas a todos los niveles.

 

Las principales dificultades a las que se enfrentan al llegar a un nuevo país comienzan con el hándicap del idioma o las diferencias culturales, así como la incertidumbre sobre su situación legal, la pérdida, la soledad, la falta de apoyos familiares y el recuerdo de todo lo que han vivido.

 

SEGUNDA FASE

 

Se llama: Fase de autonomía. Las personas deben pasar de vivir en un centro a encontrar una habitación o un piso alquilado en el mercado privado.

 

El sistema contempla ayudas económicas durante 6 y 18 meses. A pesar de esto, encontrar un lugar para vivir, conlleva una gran dificultad debido a los requisitos que se les exige. No pueden acceder a un aval ni tienen contratos de trabajo.

 

Desde CEAR se les acompaña con apoyo social y psicológico. Se les proporciona cursos de formación con el objetivo de la inserción laboral.

 

FORMACIÓN Y EMPLEO

El tiempo de estancia en el sistema, desde el cual van a recibir apoyo y ayudas económicas, es limitado. Tienen la necesidad de encontrar un trabajo lo más rápidamente posible para poder mantenerse por sí mismos de forma autónoma. Ésto limita los tiempos para la formación que estas personas necesitan para acceder al empleo en igualdad de condiciones y poder competir en el mercado laboral.

 

¿Qué pasa con aquella persona que tiene formación previa en su país de origen?

 

En España, la homologación es muy complicada. Todo  lo que implica un proceso administrativo y burocrático conlleva una enorme cantidad de tiempo de la que no disponen. Han de conseguir ser solventes económicamente antes de que se les acaben las ayudas.

 

¿Qué hacer ante esta situación?

 

Debido a la urgencia de encontrar un trabajo, la formación universitaria y profesional suele ser inviable. Desde CEAR les acompañamos en un proceso de formación ocupacional. Son formaciones más cortas y limitadas, pero que les abre la puerta al mercado laboral en un corto periodo de tiempo.

 

FIN DEL PROCESO

Si se termina el periodo de ayudas que el Estado facilita a estas personas para su integración y no encuentran trabajo, dependiendo de la comunidad autónoma, Servicios Sociales brinda las mismas ayudas contempladas para cualquier ciudadano o ciudadana en situación de dificultad.

 

PROPUESTAS

En primer lugar, la documentación. Es imprescindible que su situación legal pueda ser resuelta lo más rápidamente posible, para así obtener cuanto antes una autorización de trabajo.

 

El acceso a la vivienda con medidas que no requieran requisitos imposibles es crucial para facilitar la integración y asegurar una vida digna.

 

Por otro lado, agilizar todo el proceso administrativo que homologue las titulaciones con las que vienen desde sus países. Ésto podría favorecer que las personas refugiadas puedan demostrar las competencias profesionales que tienen adquiridas. Es importante también, el acceso a formaciones oficiales superiores para poder acceder en igualdad de condiciones al mercado laboral.


 

CONCLUSIÓN

Hemos de ser conscientes de que las personas refugiadas, al igual que el resto de ciudadanos, aportan. Aportan a nivel cultural, a nivel social y económico cuando acceden al mercado de trabajo, con su cotización a la Seguridad Social.

Estamos hablando de JUSTICIA SOCIAL, de derechos humanos, de dar oportunidades a personas como tú y como yo, para que puedan recuperar sus vidas de la manera más digna y humana posible, en un lugar donde puedan estar seguras y protegidas.