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A veces tengo la sensación de que vivimos en una rueda de ratón. Empezamos a rodar cuando nos levantamos por la mañana, nos hacinamos en metros y autobuses, o escuchamos la radio en algún atasco. Finalmente, fichamos en un trabajo que, rutinario o no, absorbe gran parte de nuestro tiempo y regresamos a casa. Puede que entonces, disfrutemos de un instante de libertad, quizá con nuestros seres queridos.  Hora de dormir, y al día siguiente, vuelta a rodar.

 

No puedo evitar pensar que algún día, antes o después, dejaremos de existir y puede que tengamos, o no, la oportunidad de mirar hacia atrás y pensar si ha merecido la pena el camino, si alguna vez fuimos dueños de la dirección o si, simplemente, nos dejamos llevar.

 

Después de años trabajando en la empresa privada y posteriormente como cooperantes internacionales, estas amigas decidieron unir fuerzas, experiencias y conocimientos para crear ADALAB, una empresa social que convierte a mujeres provenientes de diferentes ámbitos profesionales con contratos precarios, en situación de paro, o en riesgo de exclusión, en programadoras profesionales.

 

Estas emprendedoras pararon la rueda por un instante, miraron a su alrededor, tomaron aire y comenzaron a pedalear otra vez, pero en esta ocasión, a su velocidad, decidiendo la dirección y dejando el surco exactamente donde ellas quieren dejarlo.

Rosario Ortiz e Inés Vázquez. Creadoras Adalab

ADALAB

LA INICIATIVA

 

ADALAB es una empresa social cuya misión es la formación e inserción laboral de mujeres desempleadas o en situación de precariedad laboral, para que se conviertan en programadoras y puedan acceder a un trabajo de calidad.

 

LAS CREADORAS

 

Estuvimos varios años trabajando en el mundo de las finanzas y nos dimos cuenta de que aquello no nos llenaba. Teníamos un trabajo estable y ganábamos dinero, pero queríamos tener un impacto positivo en el mundo.

Dimos un cambio, y tras realizar un Máster sobre Cooperación Internacional, empezamos a trabajar en América Latina y Asia, pero en este sector también nos faltaba algo.

Teníamos un impacto social, pero la dependencia de fondos externos no nos permitía decidir con libertad lo que considerábamos mejor para los proyectos.

 

NACIMIENTO

 

En 2015 decidimos idear un proyecto social que aunase lo que habíamos aprendido de empresa en nuestros años en el sector privado, con la parte social que desarrollamos en nuestros años como cooperantes.

 

A pesar de la gran tasa de paro propiciada por la crisis, nos dimos cuenta de que había sectores como el tecnológico en el que las empresas tenían dificultades para encontrar mano de obra. Además, se añadía la circunstancia de que el porcentaje de mujeres en este sector era muy bajo.

 

Es así, como decidimos buscar una iniciativa que redujese el desempleo y la brecha de género en el sector digital.

 

EL PROGRAMA

 

La formación es intensiva. Dura trece semanas y se trabaja seis horas al día de forma presencial y cuatro horas de dedicación personal fuera de la escuela. Comprende tanto los conocimientos técnicos para convertirse en “Programadoras Front-end Junior”, como una serie de competencias transversales tales como trabajo en equipo, o habilidades para enfrentarse a una entrevista de trabajo, que las ayuda en su futura inserción laboral.

 

Una vez concluye la formación, ponemos en contacto a nuestras alumnas con una red de más de setenta empresas colaboradoras. Es así como el 94% de las mujeres que se han graduado con nosotras están trabajando como programadoras, y ganando una media por su primer empleo de 16.500 euros brutos anuales.

 

El mayor reto es conseguir ese primer trabajo, una vez que están dentro de las empresas, es más fácil progresar laboral y salarialmente.

 

CÓMO SE FINANCIA

 

Teníamos claro que queríamos una formación de muchísima calidad, pero accesible a cualquier mujer con motivación.

 

El 50% del curso es financiado mediante becas por diversas fundaciones cercanas a nuestra causa. Por otro lado, la otra mitad es financiada por las propias alumnas cuando encuentran su primer trabajo.

CONCLUSIÓN

La falta de visibilidad de referentes femeninos o los sesgos a la hora de educar, son algunas de las causas por las que el sector tecnológico está tan "masculinizado".

 

Se habla de que en el año 2025, el 50% de los puestos de trabajo estarán relacionados con la tecnología. Sin embargo, a fecha de hoy, en España, tres de cada cuatro puestos tecnológicos están ocupados por hombres. Es importante luchar para que las mujeres no nos quedemos fuera del mercado laboral del futuro.